
no se sentía capaz de quitárselo, su alma estaba trizada y no le permitía reaccionar.
Sus ojos comenzaron a llenarse de agua hasta volverse cristalinos, y al primer parpadeo, dejaron escapar lágrimas capaces de formar dos ríos bajo sus pies.
Lloraba en silencio, entre hipidos, tratando de no llamar la atención del maldito que ahora la estaba quebrando sicológicamente... pero ya era tarde. Demasiado tarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario